PILAR VALERO: “No quiero que me vean llorar, escondo mis lágrimas”

Nací en el barrio de las Delicias, donde mi padre tenía una peluquería, pero nunca me dio por esa profesión. Mi hermano era muy deportista y yo me encaminé enseguida hacia ese mundo. Me crié con los chicos del barrio, jugaba en la calle al fútbol y a todo lo que se presentaba.

¿Había en tu familia algún antecedente deportivo?.
No. Todo empezó con mi hermano. Me llevaba siempre con él, me cuidaba, le gustaba el baloncesto y me influyó.

¿Dejaste de estudiar por el baloncesto?.
Me era muy difícil compaginar ambas cosas. Nunca he sido muy estudiosa y el baloncesto me exigía muchas horas de entrenamiento. Me dediqué al deporte y estoy contenta pues me fue bien.

¿Dónde empezaste?.
En el colegio de teresianas. Después fui a una operación altura de la Compañía de María, me vieron cualidades, de trescientas chicas nos cogieron a treinta y se formaron con nosotras los equipos del Real Zaragoza.

¿Eres mujer de muchos o de pocos amigos?.
Pocos, pero muy buenos. Conocidos, muchos.

¿Tienes pareja?.
Ahora, no. Me gusta disfrutar de la vida. El baloncesto me ha quitado mucho tiempo, pero en otra época la tuve. Es difícil compaginar todo, pero lo que ocurre es que no he encontrado aún a la persona adecuada.

Todo empezó en Zaragoza y hay algo que recordarás siempre: el ascenso a Liga Nacional.
Es lo que más ilusión me hizo de toda mi carrera, más que la Copa de Europa. Es la recompensa que más satisfacción me produjo. Éramos un equipo de amigas, requería mucho esfuerzo, nuestros padres nos pagaban todo, nos acompañaban muchas veces.

Un día cogiste la maleta y te fuiste a Valencia, al Dorna. ¿Te costó mucho?.
Sí. Romper con Zaragoza, dejar a mi familia, fue muy duro, pero no me arrepiento. Me encontré allí con gente que me acogió muy bien, que me arropó. Fue una decisión dura, pero acertada.

Fue tu gran equipo, el de los títulos.
En el ámbito deportivo conseguimos lo máximo, pero el club en el que mejor me encontré fue el Vigo. Allí pase cinco años muy buenos deportiva y personalmente.

Fueron once años de ausencia, parecía que nunca ibas a volver.
Una etapa muy larga, toda mi juventud. Me he perdido muchas cosas que han pasado en Zaragoza, pero me ha ido bien y si volviera a nacer haría lo mismo otra vez. En esos años he evolucionado en muchos aspectos, como persona y como jugadora, y eso lo noto en la pista a la hora de tomar decisiones. He ganado en seguridad, en experiencia, en aplomo.

Los ha ganado todo.
Me falta haber ido a unos Juegos Olímpicos, pero pasó mi momento. La actual selección es un equipo joven, con mucha garra y lo está haciendo bien. Lo dejé por el camino, tuve una oportunidad cuando me ofrecieron ir al ADO, que era el equipo olímpico, pero preferí seguir jugando en Zaragoza. Pensé que ya me llamarían, pero fueron las que estaban en el proyecto ADO y me quedé fuera.

Eras la jugadora más laureada del baloncesto aragonés.
No me puedo quejar. He conseguido muchas cosas. He sido internacional más de cien veces.

También has tenido tus puntos negros.
Mis fracasos, mis malas épocas, mis lesiones, una hernia discal, los problemas en los pies.

¿Tienes cuerda para rato?.
Mi deseo es jugar varias temporadas más, hasta que el cuerpo me lo permita y acabar mi carrera deportiva en Zaragoza. Ahora tengo ganas, mi mentalidad es fuerte. Mucho no me va a quedar, pero aún puedo dar más de sí.

¿Has pensado en qué harás cuando te retires?.
Estoy haciendo un curso de rehabilitación y me gustaría trabajar en este campo.

Has ganado todo, ¿te ha dado para ahorrar?.
Gracias al baloncesto me he podido comprar el piso que tengo y me ha dado una cierta estabilidad.

¿El deporte es machista?.
Sí; aunque ahora la mujer está haciendo mucho y se nos abren más puertas. A nivel de patrocinios y de sueldos hay mucha diferencia. No quiero saber a cuanto asciende por si me asusto. Hay que estar conforme con lo que haces, con lo que ganas y seguir adelante luchando.

A una deportista de alto nivel como tu, ¿le es difícil volver a la vida normal, al suelo, a la integración?.
Sí. Vivimos en un mundo bastante surrealista. Nuestra vida es entrenar y no estamos acostumbrados a trabajar como la gente normal. La bofetada, si no te vas preparando, puede ser fuerte.

¿Cómo eres?.
Muy abierta, extrovertida.

¿ Y como jugadora?.
Un poco cabra loca.

¿El día es largo o corto?.
Muy largo. Me levanto pronto y me acuesto tarde. Estoy organizando mi piso, estudio, entreno.

¿Has llorado alguna vez?.
Más de una, pero no me gusta que me vean, intento esconder las lágrimas. He llorado de rabia, de emoción, de impotencia.

¿Aún sueñas?.
Muchísimo.

¿Lees?.
Muy poco, soy vaga para leer.

¿Qué prefieres, música o silencio?.
Música; pero también amo mis ratos de soledad. Me gusta despejarme saliendo a correr sola. Cuando acabo la temporada lo hago todos los días, es mi hora conmigo misma.

¿Tienes creencias religiosas?.
Sí, pero no soy practicante.

¿Qué valoras más en las personas?.
La sinceridad y la amistad. Yo soy muy fiel.

¿Sabes cocinar?.
Mi cocina es muy sencilla. Me gustan las cosas a la plancha y los hervidos.

¿Tu plato estrella?.
Las ensaladas.

¿La vida te ha tratado bien?.
Soy afortunada.

¿Nunca te ha agotado tanto baloncesto?.
A veces tu cabeza te dice que estás cansada, pero siempre sacas fuerzas para seguir.

¿Qué sentiste cuando ganaste la Copa de Europa?.
Alegría, emoción, pero sobre todo recordé en aquel momento a toda mi gente querida, a la que estaba y a la que no.

¿Adónde escapas?.
Yo no escapo.

 

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